Radio

 “A vivir, que son dos días”, es un programa magazine que se emite todos los sábados y domingos, de 9 a 12 h. Seis horas de programación semanal en las que se elabora un recorrido de resumen por diversos aspectos culturales y políticos transcurridos a lo largo de la semana. Pero, ¿qué es un magazine radiofónico? Mariano Cebrián Herreros (1994; 481) lo define como un “programa de variedades”, es decir un “programa de contenidos heterogéneos cuya variedad es lo que le hace atractivo”. El mismo Cebrián Herreros (íb.) consigue hilar un poco más fino cuando afirma que “constituye una modalidad de programa en el que se combina la información y opinión con el entretenimiento y el espectáculo”. Un programa, en definitiva, que busca el análisis de la información y la reflexión de temas sociales y culturales.

Una modalidad de tal concepción resulta paradigmático del tipo de radio convencional actual en España. El magazine radiofónico constituye el punto estrella de la programación de las diversas cadenas. Se emite en horario de mañana, momento en que la radio concentra a un mayor número de oyentes. Y momento en que la atención de la audiencia es más dispersa, fenómeno opuesto al de la radio nocturna, que presenta unos niveles más bajos de audiencia en un baremo de cantidad, pero no así de atención y participación. La mañana concentra la actividad de las “estrellas” de cada medio radiofónico: Luis del Olmo en Onda Cero, Iñaki Gabilondo en la SER, Luis Herrero en la COPE, son las máximas figuras en su medio. Una de las características fundamentales que presentan estos programas es la paradoja que plantea entre duración global del espacio y duración de los contenidos. A pesar de ser programas que suelen superar las seis horas diarias y continuas de emisión, el tiempo se va estructurando en bloques o secciones que no suelen superar los veinte minutos, buscando así un vigor y agilidad en el ritmo que mantenga el interés del oyente. Ritmo del que los profesionales son plenamente conscientes, como muestran unas declaraciones de Luis del Olmo referidas a Iñaki Gabilondo, que cita Lorenzo Díaz (1997; 533): “La radio de Iñaki Gabilondo es esa radio-señor, pero a veces le falta ritmo”.

La búsqueda de un ritmo ágil para la mañana responde al interés de captar la atención del oyente en el momento en que éste desarrolla el grueso de su actividad laboral. El programa quiere eliminar  cualquier tipo de segmentación de la población y atraer, con diversos contenidos, la atención de todos. Lo apunta Luis del Val en Balsebre (1999; 141): “Los magacines matinales vienen a demostrar que el oyente no es más listo, más guapo, más alto o más bajo según escuche un programa u otro”. También señala Del Val (íb.) lo que persigue la radio convencional, la eliminación de la frontera entre información y entretenimiento (el subrayado es nuestro): “La absurda división entre “programas” e “informativos”, que todavía subsiste, es una división convencional que tiende a construir una información rígida y enfática, en tanto los programas de entretenimiento parece que deben ser concebidos para oyentes de escasa inteligencia y mente superficial”.

La novedad de la fórmula experimentada en los últimos años radica en la comprobación de que esta fórmula no sólo informa y entretiene a quien trabaja, sino también a quien disfruta de su tiempo de ocio. La explotación de la fórmula a mediados de los ochenta, explotación a la que se apunta la televisión con programas como “Por la mañana” de Jesús Hermida, permite experimentar otros ámbitos de recepción. Cebrián Herreros (1994; 486) lo relaciona con la génesis de “A vivir, que son dos días”:

“Hasta 1988 la programación de fin de semana se encontraba bastante abandonada. No se creía en las posibilidades para llegar a la audiencia que durante estos días cambia su comportamiento. La radio consideraba que con algún programa musical y los programas deportivos se cubría la audiencia. Pero esto podía ser válido para las tardes de los sábados y los domingos, pero no para las mañanas. En 1988 la cadena SER creó el magazine de fin de semana con una concepción apropiada para conquistar un nuevo público y diferenciado de los magazines de los días laborales”

Cebrián Herreros considera que estas variaciones se encuentran, fundamentalmente en el seguimiento de la actualidad (que ya no será diaria, sino de resumen de la semana), buscando el análisis mediante la entrevista. Además, se potencian los temas culturales, y se introducen debates y concursos. Aspectos todos éstos de los que “A vivir, que son dos días” constituye el ejemplo más paradigmático.

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